Irlanda Alvarado del equipo San Diego Select, pateando el balón, nunca conoció a su padre pero aún así se ha convertido en una mucha responsable y emprendedora. Foto de David Maung [Enlace]
Juegan en el mismo equipo de futbol pero rara vez están en la cancha juntas.
Una es defensora, la otra es mediocampista.
Ambas son estudiantes de undécimo grado en la preparatoria Hoover High.
Stephanie Valenzuela es el líbero optimista que quiere ser doctora.
Irlanda Alvarado es la mediocampista que al principio parece ser tímida antes de contar un chiste y sonreír de oreja a oreja. Ella quiere ser detective forense.
Valenzuela, de 17 años, y Alvarado, de 16, tienen diferentes ambiciones y responsabilidades en la cancha pero ambas jugadores comparten esfuerzos similares afuera del deporte.
Cuando no están compitiendo en un partido con el equipo San Diego Select de la Liga de Futbol Rápido USA en el Memorial Park Recreational Center los sábados en la mañana, ambas están en casa, ocupándose de deberes con los que la mayoría de adolescentes estadounidenses no tienen que lidiar.
Ambas se convirtieron en mujeres mucho antes de lo que quizá hayan querido.
Valenzuela y Alvarado son las hijas más grandes de sus respectivas familias.
Eso automáticamente las hace responsables de cuidar a sus familias cuando sus madres solteras no pueden hacerlo.
Valenzuela se mantiene ocupada después de la escuela al hacerse cargo de sus tres hermanos.
Ella prepara la cena para sus hermanos, Gerald Patrick, de 15 años, y Matthew Barrett, de tres, y su hermana, Michelle Zapata, de siete.
Ella ayuda a limpiar la casa y vigila a sus hermanos mientras su madre, Guadalupe, están en su trabajo de supervisora de cocina en un restaurante local.
“No es algo de lo que me pueda escapar”, dijo Valenzuela.
“Cuando mi mamá necesita ayuda, tengo que estar ahí.”
También ayuda a sus tías al cuidar a sus sobrinos.
“A veces tengo que traerlos conmigo a una práctica o partido de futbol”, comentó Valenzuela.
“Luego los llevo a casa y les cocino algo.”
Alvarado tiene responsabilidades parecidas.
Ella cuida a su hermano de 12 años, Bryan, cuando su madre, Martha Díaz, sale de la casa en busca de empleo.
“Mi mamá está desempleada y mi papá nos dejó cuando yo tenía tres años”, dijo Alvarado.
“Nuestra situación es difícil. Por ahora tenemos un compañero de casa para ayudarnos a pagar la renta.”
Luchan a capa y espada
Al igual que Alvarado, Valenzuela jamás ha conocido a su padre.
Pero Valenzuela fue hasta Francia en busca de él en el verano de 2007.
Ansiosa de conocer a su padre, Valenzuela planeó un viaje a Marsella, donde estudió turismo en una escuela charter mientras vivía con la hermana de su padre.
Valenzuela encontró a su padre pero a él no le interesaba conocerla.
“Mi tío le habló por teléfono pero no quiso hablar conmigo”, explicó Valenzuela.
“Está bien. Me ha ido bien sin él.”
Las historias de adversidad de Valenzuela y Alvarado quizá no son tan malas comparadas con lo que Eliseo Papo Sánchez ha visto como uno de los pioneros de futbol de equipos en los barrios del Condado de San Diego.
Después de todo, Santos opera ligas de futbol que dan la bienvenida a jóvenes que otras ligas probablemente rechazarían.
Bajos ingresos.
Problemas de dependencia a las drogas y el alcohol.
Problemas de pandillerismo y violencia doméstica.
Esos son sólo algunos ejemplos de lo que los atletas de Santos enfrentan en casa y en la calle.
“Lo he visto todo”, dijo Santos.
“Es triste que estos muchachos no tienen una salida la mayoría del tiempo. Hay tantos equipos de futbol exitosos en el condado y la mayoría de ellos no aceptan a estos chiquillos o les dan una oportunidad.”
Eso es lo que la San Diego Select Soccer Academy ofrece a Valenzuela y Alvarado, y a otros 300 jóvenes.
Santos diseñó la liga para dar a equipos de todo el condado la oportunidad de tener una opción económica para jugar.
Él dijo que los jugadores pagan alrededor de cuatro dólares por partido pero frecuentemente él paga por una gran parte de los jóvenes.
“Ésta es una liga buena y una buena opción para muchachos que no pueden pagar para jugar en las ligas principales”, dijo Julio González, que dirige el club sub-18 de Chelsea Unique en Chula Vista.
González ayuda a traer equipos del sur del condado.
La semana pasada, el equipo de Valenzuela, SD Select, venció al Barcelona de Chula Vista 3-2 en el partido de título de la división sub-18.
Valenzuela disfrutó de la victoria pero más importante, gozó de la idea de que tuvo un momento en el que pudo alejarse de una vida llena de quehaceres.
“Me hace sudar y me cansa”, dijo Valenzuela.
“Pero no vale la pena si no te cansas. La vida te cansa.”